El recuerdo que me marcó
Tenía unos 14 o 15 años, allá por 1992 o 1993. Me encontraba sentado, reflexionando sobre el futuro y cómo sería el transporte en los próximos siglos. De pronto, me vino a la mente una visión clara: un tren deslizándose a altísima velocidad sin ruedas, sin fricción, como si flotara sobre el aire o viajara sobre un campo invisible. Lo vi moverse suave, silencioso, futurista.
En ese entonces no conocía nada sobre trenes maglev, y tampoco había internet ni acceso fácil a información de Japón o Alemania. Pero esa idea me vino como si la hubiera recordado, no inventado.
Años más tarde me enteré que justamente durante esos años, Japón estaba haciendo pruebas avanzadas con trenes magnéticos como el MLX01, y que esa visión que tuve coincidía con algo real... que aún no era público ni globalmente conocido.
Entonces me hice una pregunta que aún me acompaña:
¿Existe una mente universal donde todos podemos acceder?
Y si la hay, ¿puede que algunas personas toquen ese “nube de ideas” sin saberlo? ¿Podría ser que el conocimiento no solo se inventa, sino que se descubre, porque ya existe en una especie de campo mental compartido?
Filósofos como Platón ya hablaban de un mundo de las ideas, un plano invisible donde existen todas las formas puras y perfectas, y que lo que hacemos en la Tierra es apenas una copia de esas formas.
Carl Jung lo llamó el inconsciente colectivo, una red de símbolos, intuiciones y patrones que compartimos como humanidad desde tiempos ancestrales.
Las ideas como frecuencias que sintonizamos
¿Qué tal si las ideas viajan como frecuencias, como estaciones de radio que flotan en un campo mental cuántico, y algunos cerebros, ya sea por sensibilidad, meditación, sueños o inspiración, las sintonizan?
No sería necesario que un inventor en Japón me hablara directamente para que yo captara su idea. Bastaría con que ambos estuviéramos conectados a esa nube invisible de pensamientos que trasciende fronteras, idiomas y épocas.
¿Y si nuestros ancestros también la tocaban?
Civilizaciones como la egipcia, la maya y la mesopotámica construyeron estructuras similares, alineadas con las estrellas, con geometría sagrada y una sabiduría sorprendente... sin haberse comunicado entre sí según la historia oficial.
¿Cómo explicar esas similitudes?
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¿Coincidencia?
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¿O será que todos ellos accedieron a un campo universal de conocimiento, como una “Internet cósmica” antes de que existiera la Internet digital?
Pensamiento final: Tal vez no inventamos, sino recordamos
Tal vez las grandes ideas no nacen de cero, sino que se recuperan, se sintonizan desde una mente mayor. Como si fuéramos terminales biológicas conectadas a un servidor invisible, y las ideas fueran rayos de luz esperando un receptor abierto, curioso… receptivo.
Así fue mi visión del tren sin ruedas. No la diseñé. Simplemente me visitó.