Joel 2:28 (Reina-Valera 1960)
Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones.
(Versículo 29 continúa: “Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días.”)
Este es el pasaje clásico que Pedro cita en Hechos 2:17 el día de Pentecostés.
No existe ningún escrito canónico, ni en la Tradición auténtica de la Iglesia, ni en el Magisterio, que anule o declare “sin efecto” lo anunciado en Joel 2:28.
1. La interpretación apostólica es clara y vinculante
San Pedro, en el día de Pentecostés, aplica explícitamente la profecía de Joel a lo que estaba ocurriendo:
«Esto es lo que fue dicho por el profeta Joel: “Y sucederá en los últimos días, dice Dios, que derramaré de mi Espíritu sobre toda carne…”» (Hechos 2,16-17)
Pedro no dice: «esto se cumplió solo por un momento y luego cesó». Dice: «esto es lo que fue dicho». Con esa declaración apostólica, la Iglesia entiende que la era del Espíritu anunciada por Joel ha comenzado y permanece abierta hasta la Parusía.
2. ¿Qué significa “los últimos días”?
En la teología bíblica y patrística, “los últimos días” no se refieren a un período breve y cerrado, sino al tiempo que se inaugura con la Encarnación, la Muerte, la Resurrección y el envío del Espíritu, y que se extiende hasta la segunda venida del Señor. Por tanto, la promesa de Joel sigue vigente en toda la historia de la Iglesia.
3. Distinción importante: revelación pública y carismas privados
Aquí es donde hay que ser precisos, como lo es la Iglesia:
- La Revelación pública (el depósito de la fe) se cerró con la muerte del último Apóstol. No habrá nuevas verdades de fe que completen o corrijan lo ya revelado (Catecismo de la Iglesia Católica, 66).
- Los carismas (profecía, visiones, sueños, discernimiento de espíritus, etc.), sin embargo, no cesaron. El Espíritu Santo sigue distribuyendo sus dones «como quiere» (1 Cor 12,11) para la edificación de la Iglesia (cf. Lumen Gentium 12; Iuvenescit Ecclesia, 2016).
La Iglesia no enseña el “cesacionismo” (la doctrina de que los dones extraordinarios terminaron con la era apostólica). Esa es una posición de ciertos sectores protestantes, no de la Tradición católica.
4. Sobre 1 Corintios 13,8-10
Algunos citan este texto («las profecías se acabarán… cuando venga lo perfecto») para afirmar que las visiones y sueños ya no tienen lugar.
La interpretación clásica católica (San Agustín, Santo Tomás de Aquino y la mayor parte de la tradición) entiende que “lo perfecto” se refiere al estado escatológico, cuando veremos a Dios «cara a cara» (1 Cor 13,12). No se refiere al cierre del canon bíblico. Por tanto, este pasaje no anula Joel 2,28.
Conclusión teológica
Joel 2,28 no ha sido revocado. Ha sido inaugurado en Pentecostés y sigue operando en la Iglesia, aunque de manera ordenada y sujeta al discernimiento eclesial.
Las visiones y sueños pueden seguir dándose, pero:
- no constituyen revelación pública,
- no obligan a nadie a creerlos,
- y deben ser examinados con sobriedad por la autoridad de la Iglesia (cf. 1 Tes 5,19-21: «No apaguéis el Espíritu… examinadlo todo y quedaos con lo bueno»).

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